El cambio climático y el calentamiento global ya no son temas nuevos. Y cada vez, de manera más evidente, vemos cómo éste se manifiesta. Los incendios forestales son un efecto secundario del cambio climático; la sequía prolongada que afecta a varias zonas del planeta, junto a la falta de lluvia hace de estos lugares, áreas altamente vulnerables a los incendios. Aquí les mostramos una forma de proteger los ecosistemas de estas amenazas.

En Robles de Cantillana, dedicamos este mes al ecosistema mediterráneo, presente en 5 lugares del planeta altamente habitados -entre ellos la zona central de Chile. Esto hace que éste sea un ecosistema frágil y vulnerable. Sus especies son capaces de acumular agua durante el invierno para sobrevivir las temporadas secas de verano sin agua, ya que se caracteriza por tener estaciones muy marcadas con veranos secos y cálidos e inviernos fríos y lluviosos. Es un ecosistema infinitamente valioso por los servicios ecosistémicos que ofrece. Por eso, es fundamental que tomemos conciencia y nos dediquemos a proteger activamente el ecosistema y sus especies. 

Los viveros como herramienta de protección de ecosistemas

Hay varias formas de proteger estos ecosistemas, pero aquí vamos a hablar de una estrategia en específico; los viveros. Si bien los bosques y la naturaleza han sobrevivido siempre de manera autárquica, hoy el ser humano se abre paso rápida e imprudentemente en los espacios naturales, afectando el flujo de los ecosistemas, degradando los recursos y alterando sus ciclos naturales. Es por eso que hoy, el bosque y los ecosistemas necesitan nuestra ayuda, o al menos un empujón para proteger y propagar las especies nativas.

Los viveros son espacios donde se cultivan árboles pequeños, plantas y otras especies vegetales para que crezcan y luego poder trasplantarlas a otro lugar. Generalmente, se recolecta el material genético de los bosques, para luego hacerlos crecer en las condiciones adecuadas y específicas, con el objetivo de adaptarlas al medio que les corresponde. Así, se puede decir que el vivero tiene la doble función de propagar las especies y a la vez conservar el material genético de los ecosistemas; es un reservorio de especies nativas, un laboratorio genético natural. 

Pero, ¿para qué necesitamos este reservorio de material genético?

Existen muchas amenazas asociadas al cambio climático que pueden afectar al medio ambiente. Una de las amenazas más frecuentes y preocupantes de los últimos años son los incendios, especialmente para los ecosistemas mediterráneos. Hemos visto cómo, por ejemplo, Chile y California han sufrido grandes y devastadores incendios producto del calentamiento global y el subsecuente déficit hídrico que afecta a ambas zonas. Esto se traduce en tierras y plantas secas, escenario ideal para la proliferación del fuego.

En Chile los incendios ocurren principalmente por causas humanas, ya sea de tipo accidental o intencional, siendo las causas accidentales las más frecuentes en la zona centro. De hecho, según un informe del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, la ocurrencia de incendios se relaciona estrechamente con la distancia y ubicación de centros urbanos e infraestructuras como caminos, líneas férreas y sitios recreacionales, es decir, zonas habitadas u ocupadas por el ser humano. Estas áreas propensas a incendios forestales, pueden sufrir serias consecuencias si no son asistidas correctamente. Según Rafael García, científico del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), todas las especies que componen un ecosistema disminuyen significativamente luego de un incendio. Si los procesos naturales de recuperación no son afectados por causas externas, pueden volver a los valores iniciales, especialmente si son asistidos para asegurar su éxito, sin embargo, en algunos casos, las pérdidas pueden ser irrecuperables.

Zona de reforestación Santuario de la Natureleza San Juan de Piche, Alhué.

En enero del año 2017, un incendio forestal afectó el valle de Pichi en Alhué, consumiendo miles de hectáreas de ecosistema esclerófilo de ladera norte. Este incendio se mantuvo por varios días, amenazando incluso con entrar a los Santuarios de la Naturaleza Altos de Cantillana y San Juan de Piche. Debido a lo escarpado del lugar, fue muy difícil controlarlo, además de ser una situación especialmente riesgosa para quienes intentaban contener las llamas. Tanto así, que un helicóptero cayó en el lugar mientras intentaba lanzar agua en una ladera muy vertical. Esto da cuenta del nivel de energía y la dificultad que supone siquiera controlar estos eventos, esto, sin aún considerar las consecuencias de los incendios. A raíz de esta situación, aprendimos muchas cosas fundamentales, entre ellas, lo difícil que es actualmente para la naturaleza regenerarse de manera natural sin apoyo del ser humano. La hemos afectado de tal manera, que hoy no puede regenerarse sin nuestra ayuda. 

¿Qué podemos hacer nosotros?

En el Santuario de la Naturaleza San Juan de Piche, hay un vivero especializado en especies del ecosistema mediterráneo. Ahí, se dedican a seleccionar semillas del bosque para obtener el material genético. Luego se almacenan, simulando las condiciones naturales de cada semilla para que puedan germinar de manera natural y ser trasplantadas a bolsas; de esa manera crecen sanas en un ambiente controlado y quedan listas para plantarlas en zonas de reforestación, casas, cerros o parques, para ir repoblando con especies nativas la zona central de nuestro país. Pero además de eso, es un reservorio de especies nativas, un lugar donde se conserva el material genético del ecosistema, para protegerlo y asegurar su supervivencia, en estos tiempos en que el bosque no puede hacerlo por su cuenta o se encuentra constantemente amenazado.

Así se manifiesta de forma clara la relevancia de los viveros como fórmula humana para permitir la supervivencia de los ecosistemas y sus especies, especialmente en ciertas circunstancias que ponen en jaque el funcionamiento orgánico de los ciclos naturales. Es triste tener que sufrir incendios u otros eventos de este tipo para tomar conciencia. La naturaleza nos necesita actualmente para sobrevivir, tenemos que hacernos cargo, ser responsables y respetuosos. Una buena forma de hacerlo, es apoyar diversas iniciativas de propagación y conservación. Cada semilla, cada puñado de tierra es un aporte, para devolverle la mano a la naturaleza que tanto nos entrega.